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Lise Meitner, la madre de la bomba atómica que dijo no al proyecto Manhattan. Se quedó sin el Nobel





En nuestra siguiente entrada del blog, vamos a destacar a una científica muy singular porque su trabajo no ha estado reconocido a la altura que merecen sus investigaciones. Descubrir la fisión nuclear, ser mujer y judía parece que fueron conceptos que no encajaron muy bien en la europa de entreguerras. En cambio, a su compañero de laboratorio sí lo reconocieron. Este ni muchos otros motivos no impidieron a la física austriaca Lise Meitner dedicar su vida a la ciencia sin perder la humanidad.

Sus inicios en la ciencia ya fueron casi afortunados debido a que pudo acceder a estudios universitarios en los inicios del siglo XX, algo que años antes no estaba permitido a las mujeres en Austria y finalizaban la escuela pública a los  años. Destacó desde sus primeros años en la universidad y obtuvo el doctorado en 1906. En busca de profundizar en sus estudios de radioactividad se mudó a Berlín, solicitando permiso para asistir a las clases de Max Planck (físico alemán que sería galardonado con el premio Nobel). Esta solicitud era necesaria, ya que Planck consideraba que no debía permitirse el acceso a la universidad a las mujeres, aunque no le quedó otra opción al reconocer el talento extraordinario que tenía Meitner. Allí conocío al que sería su colaborador en su mayor descubrimiento, Otto Hahn, aunque él si que tendría el reconocimiento necesario.

Gracias a la colaboración entre ambos y los éxitos de los artículos de sus investigaciones, recibieron puestos de trabajo aunque de forma desigual: Hahn sería científico junior y Meitner colaboradora gratuita. A pesar de estas circuntancias y el estallido de la primera guerra mundial, el trabajo de Meitner continuó con sus esfuerzos investigadores y consigió la primera plaza de profesora de la universidad en 1919.

A la vez que se descubrían partículas subatómicas en 1933, Hitler llegaba al poder en Alemania y comenzaba la persecución de las personas judías. La profesora Meitner pudo continuar con sus trabajos en el laboratorio debido a su interés técnico, pero se le quitó la plaza en la universidad. Sufrió rechazo incluso por parte de sus colegas debido a su condición de judía. Esta situación fue agravándose hasta llegar al punto que tuvo que salir del país de forma clandestina en 1939. Fuera de Alemania no lo tuvo más sencillo. En Holanda o Suecia no le ofrecían trabajos y le ponían grandes impedimentos para que continuara con sus estudios. No obstante, continuaba en constante comunicación con su antiguo compañero Otto Hahn debatiendo resultados y proponiendo nuevos experimentos. Meitner consiguió publicar artículos científicos argumentando la fisión nuclear, hecho que termino de posicionarla en lo más alto a nivel internacional.




En 1942 se le ofreció participar en un proyecto internacional conocido como Proyecto Manhattan para conseguir desarrollar una bomba atómica que terminara con el régimen nazi. Fue la única científica que rechazó esta propuesta a pesar de que le habría supuesto trabajar con los mejores científicos de la época y trasladarse a los Estados Unidos. Sus valores humanos le impidieron trabajar en una bomba.


Aunque en 1939 había sido nominada al premio Nobel junto a su compañero Otto Hahn, en 1944 se le concedió únicamente a él. En su recogida del premio no mencionó los 30 años de colaboración que habían trabajado juntos.

Meitner viajó a los EEUU en 1946, fue aclamada y nombrada mujer del año. Se la consideró como la madre de la bomba atómica, aunque nunca le gustó este reconocimiento.
























 

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